Saber que hay alguien cerca y dispuesto a contestar tus preguntas cuando más lo necesitas es reconfortante.
Estamos a un email de ti. Departamento de Comunicaciones.
Eh! ¡Eh! ¡Eh! ... Un momento.
Esta pandilla de gnomos no es el Departamento de Comunicaciones de franciscojbravo.com.
Bueno... Sí. Forman parte del equipo, pero no son los que responden a tus correos. El que contesta soy yo, Fran Bravo.
Tenemos una jerarquía y una funciones bien definidas... Yo soy el jefe y ellos trabajan para mí, aunque entre ellos tienen a su propio lider.
A ver...
Sí
Merecéis una explicación que aclare todo esto.
Os cuento.
Alguna vez que otra, en casa, nos hemos encontrado en la situación de que, estando en tu momento más íntimo en el baño, te falte el papel higiénico.
Lo achacas a que se te ha olvidado reponerlo a ti o a tu pareja y punto.
Hasta aquí todo normal.
Pero, ya en tiempos de pandemia, con reservas de papel en máximos insospechados y con la pequeña habiendo aprendido a ir solita al baño...
Algo cambió: la situación antes descrita se daba con mayor asiduidad.
En principio no le dábamos importancia ya que pillábamos a la peque, alguna vez que otra, desliando el rollo o atorando el inodoro.
Hasta que un día escuché a la susodicha...
— Papi no hay papel, ¡se lo han llevado los gnomos!
Lo tomé como una gracia. Incluso le seguí el cuento y fantaseábamos con una banda de gnomos que se dedicaban a robar en las casas los rollos de papel higiénico.
No le di más importancia.
Pero un día, estando sólo en casa, encerrado en mi estudio, totalmente en silencio y concentrado en una lectura, escuché algo. Me levanté del asiento y, con sigilo, me asomé al pasillo.
¡Los pillé!
Nos quedamos los cuatro estupefactos. Catatónicos, con ojos como platos.
El más grande de los tres portaba un rollo. Quiso, lenta y disimuladamente, escondérselo detrás. Como si yo no lo estuviese viendo o pensara que pudiera ocultarlo en su pequeña espalda de gnomo.
Los cuatro sabíamos para nuestros adentros que ellos me superaban en número, pero que yo les superaba en tamaño y fuerza. Y que, en un hipotético enfrentamiento cuerpo a cuerpo, llevaban las de perder.
El más pequeño de los tres tenía la barba gris. Su mirada, propia de un astuto granuja, reflejaba una mezcla de mala leche y atrevimiento. Claramente era el lider, y fue el que rompió el denso y tenso silencio que nos separaba.
— ¡Vale! ¡No llames a la Policía! Seguro que podemos hablar y llegar a un entendimiento.
Me quedé unos segundos dubitativo por darle un poco de intriga, y acepté.
— Lo veo sensato. ¡Pero sin tonterías! ¿eh?
Nos fuimos al salón y comenzamos a hablar.
Me contaron que ellos en realidad no son malos gnomos. Que ellos también tienen mujeres e hijos. Que la cosa está muy mal y que la necesidad le han llevado a esto.
Yo alucinaba por cómo el jefe de la panda intentaba venderme la moto para salvar el pellejo con una pasmosa locuacidad mientras, el gnomo más gordito, no dejaba de urgarse su redonda nariz.
Por lo visto, el papel higiénico de los humanos está muy cotizado en su mercado negro.
Pero cuando me dijeron a qué se dedicaban, algo en mí se iluminó.
De izquierda a derecha.
Gustavo, era responsable de atención al cliente de una compañía móvil gnoma que, al ser absorbida por otra, fue víctima de una regulación de empleo.
Juan, el gordito, el del dedo en la nariz, es técnico informático, trabaja por independiente, pero está ahogado con la hipoteca del piso, tiene 4 hijos y su mujer está embarazada del quinto, necesita un plus.
Rogelio, el barba gris, lider de los tres, es abogado. Todo le iba de lujo hasta que descubrió que su mujer se la daba con su socio del bufete. Actualmente está sin trabajo, desplumado y viviendo con la madre.
El hecho de que le gustara el buen rock y la cerveza negra ya hizo que me cayera bien. Todo es una cuestión de romper etiquetas.
Así que vista sus circunstancias, sus habilidades profesionales y mi deseo de que mi casa no fuera más allanada por una pandilla de gnomos... llegamos a un trato.
Ellos trabajarían para mí, de forma online, y se encargarían de gestionar y controlar todos los correos electrónicos entrantes de mi web. Algo así como una función de filtro en la que únicamente me dejaran pasar los correos que cumpliesen los requisitos.
A cambio, les pagaría con una cierta cantidad de rollos de papel higiénico al mes que, al cambio en el mercado negro gnomo, fuera suficiente para solventar con creces sus necesidades económicas.
Aceptaron. Y en ello están.
Así que sólo contesto los correos que ellos me filtran a mi.
Su trabajo se basa en hacer cumplir, de manera rigurosa, las siguientes condiciones del Departamento de Comunicaciones:
Si se detecta que en el correo hay alguna petición de ayuda o consejo, sobre cualquier asunto personal, directamente NO SE ATENDERÁ. Esto NO es un consultorio psicológico gratuito.
Si deseas realizar alguna consulta en referencia al SOPORTE de algún curso adquirido en esta web, POR FAVOR, ten en cuenta que sólo se atenderá si se realiza a través de la dirección de correo electrónico especificada para tal fin en el curso.
Para el resto de comunicaciones, decir que serán atendidas tan pronto como sea posible. GRACIAS.
Y poco más.
Gran trabajo el de estos tipos.
